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A finales de febrero, antes de la Cuaresma, el carnaval ecuatoriano reanima el amor por la fiesta. En las calles se vende la conocida espuma Carioca, y el ciudadano de a pie sabe dos cosas, que ya llegó el Carnaval y que tendrá que caminar con cuidado, sino quiere convertirse en objeto de la celebración. ¿Qué significa esto? Más adelante lo entenderemos.

 

Una celebración mestiza con raíces ancestrales

Este festejo propio de países con raíces católicas es en realidad una fiesta pagana que se celebra en muchos lugares del mundo y que tuvo sus inicios en las Saturnalias romanas y las Bacanales griegas. Actualmente, cada uno de estos festejos mantiene sus propias tradiciones e idiosincrasias de cada país. Cuando uno piensa en Carnaval vienen a la mente los más famosos, como el de Río De Janeiro, Islas Canarias, Venecia, Colonia u Oruro. Ellos reflejan su historia y mestizaje, y reúnen en una misma olla de cocción elementos de sus pueblos nativos con influencias de los pueblos conquistadores, resultando en desfiles y comparsas siempre llenas de color y alegría.

Ese es el factor común que los une a todos ellos: la algarabía, las ganas de crear caos y el festejo un poco desmesurada que prepara al cuerpo para las normas más estrictas de la cuaresma, la cual llega indiscutiblemente el último día de Carnaval. Antes del orden, el caos, cual ley de la naturaleza.

 

Una fiesta muy ecuatoriana

En Ecuador el Carnaval es una fiesta de gran importancia. No es sólo un feriado durante el cual la gente aprovecha para visitar las hermosas costas ecuatorianas, la frondosa selva amazónica o los elegantes Andes, sino también para dejar salir ese lado salvaje que todos llevamos dentro.

Es un festejo cultural que convierte al ecuatoriano promedio en un panadero, porque los ingredientes esenciales para su celebración son además de la espuma Carioca, huevos, harina y agua… mucha, mucha agua. ¿Qué hace uno con todos estos ingredientes? Los usa para ensuciar y mojar al prójimo hasta que este quede totalmente irreconocible y empapado. Las calles se convierten en una suerte de batalla campal donde la gente olvida el estrés, la rutina, la limpieza y el orden.

Varias poblaciones ecuatorianas celebran el Carnaval, como la hermosa ciudad de Ambato con su Carnaval de Frutas y Flores. La ciudad se llena de color y todos sus habitantes salen a celebrar las riquezas de sus fecundas tierras.

El famoso Carnaval de Guaranda

El mejor ejemplo de esto es el Carnaval de Guaranda, en la provincia de Bolívar, donde durante el festejo la ciudad personifica el caos. Temprano en la mañana empiezan las comparsas y desfiles, salen las chicas más guapas de la provincia en adornados carros alegóricos, los guarandeños y miles de visitantes empiezan a hidratarse de un conocido licor anisado local llamado “pájaro azul”, y con el pasar de las horas, lo que parecía ser una amena actividad familiar empieza a tornarse en masas de personas, literalmente, que sin conocerse batallan unas contra otras con el afán de contribuir al desorden en la mayor medida posible.

Hombre con traje típico del Carnaval ecuatoriano de la sierra

Hombre con traje típico del Carnaval ecuatoriano de la sierra

El Carnaval ecuatoriano

El que llega a Ecuador durante el Carnaval con la intención de pasar unos días tranquilos debe estar preparado para en cualquier esquina del país, ser totalmente empapado, ya sea desde lo alto de un edificio, la cajuela de una camioneta, o cualquier punto desde el cual sea cómodo mojar al peatón. Todo es posible y nadie perdona. El origen de esta tradición de ensuciar y mojar es desconocido. Sin embargo, se podría deducir que su procedencia es la esencia misma del Carnaval: contribuir al caos general, desordenar la sociedad, romper las reglas y sacar del sistema todas las ganas de portarse mal antes de que llegue la liturgia católica con sus estrictas reglas a ponernos otra vez a todos en orden y encaminarnos en la senda del bien.

Si estuviste en el carnaval ecuatoriano y no te mojaron en la calle aunque sea una vez, es posible que no hayas estado aquí del todo. Casi igual que haber venido a Ecuador y no haber conocido las islas Galápagos. Y cuando llegue ese momento en el que te veas sin salida, tómatelo como buen ecuatoriano: ríete, déjate llevar, y si tienes la oportunidad, moja al atacante de vuelta. Sería tan sólo un amable gesto de reciprocidad.

La diversión se manifiesta en forma de espuma y agua. Foto por Babak Fakhamzadeh

La diversión se manifiesta en forma de espuma y agua. Foto por Babak Fakhamzadeh