Sí, seguro, impresiones:
Jugando a las escondidas:
Una cautivante danza ocurre cada día en los Andes, entre las cimas de los volcanes de las cordilleras que atraviesan el país a lo largo, y las nubes que se forman, se disipan, se enrollan, se inflan, abrazan, se esconden y danzan a su alrededor. La física de esto es elemental, y hasta banal. Pero su efecto, mientras uno viaja entre las montañas es todo menos tedioso. Es espectacular, y estimula constantemente la vista, invitando a mirar, una y otra vez.
Contando Volcanes:
Así como los observadores de aves tienen su lista de especies, los que viajamos a lo largo de los Andes tenemos una lista similar, solo que la nuestra tiene los evocativos nombres de los volcanes a cuyo lado pasamos, o que podemos mirar desde la distancia, en la ruta desde Quito a Cuenca, en el sur del Ecuador.
La ruta la dominan tres volcanes: Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo. Cada uno diferente, cada uno imponente. Pero hay otras estrellas también, como El Altar, los Illinizas o el Carihuairazo y otras joyas como el Sangay y el Antisana. El descubrir cada cima nevada es excitante, y en cada curva del camino hay emoción anticipada por su avistamiento, entre montañas y nubes.
Casas sin terminar:
Sería ideal que más casas estén terminadas, pero esto es parte del crecimiento del país, parte de la esperanza por mejores tiempos, de cambios por venir. Estéticamente no es muy agradable, pero no se puede quitar la esperanza a la gente de los Andes.
Cuadrículas:
Campos y más campos, hileras e hileras de cultivos formando cuadrículas en la zona rural andina. Es como un gran damero, con los cuadrados separados por filas de árboles de eucalipto. Hay cuadritos de cultivos hasta en las alturas de las laderas más empinadas; a los campesinos les encantan los rectángulos, cuadrados y rombos.
Vapor:
Como las nubes en lo alto de las montañas, aquí el agua está siempre en la atmósfera. Cuando descendimos a la rugiente cascada del Pailón del Diablo, remolinos de vapor de agua salían desde el fondo del pozo y subían para acariciar nuestras caras. El viento también era empujado por la fuerza misma de la cascada. Y a este viento se lo podía ver. Estaba cargado de millones de partículas de agua que lo hacían visible.
Verticalidad:
Quizás una palabra muy literal para describir la experiencia de este fenómeno, pero sirve para explicar porqué Ecuador es tan especial. Hoy por ejemplo, comenzamos a 3000 metros, a medio camino entre los altos Andes y el Amazonas, y descendimos al bosque nubloso alrededor de Baños -a 1500 metros -una tierra subtropical de bosques, orquídeas, mariposas y colibríes- y luego ascendimos, más y más alto, dejando atrás los últimos pueblitos que se asientan en la base del imponente Volcán Chimborazo, y más allá, hasta el páramo a 4000 metros. Desde aquí descendimos a la ciudad de Riobamba, a 2300 metros. Tanta diversidad en tan corta distancia... Tanto contraste en tan poco tiempo. Todo cambia en cada kilómetro, aquí en el trópico, justo en la Línea Equinoccial, todo gira alrededor de la verticalidad de los Andes que se alzan entre el Pacífico al un lado y el Amazonas al otro.
Nuevos amigos en Palacio Real, cerca de Riobamba
La Madre Superiora del Museo de las Conceptas en Riobamba fue muy amable, mientras caminaba por al convento de clausura en su hábito blanco. Nos brindó el té especial de hierbas de las monjitas, nos bendijo y nos deseó buen viaje...
El dueño del café-restaurante al pie del Pailón del Diablo se llama Wilfrido. Le preguntamos qué significada para él el espíritu de los Andes y su respuesta fue comunicarnos su amor por este pedacito de su país como pocas personas pueden hacerlo.
La señora que nos llevó por los senderos de Palacio Real, cerca de Riobamba se llama Trinidad. Nos mostró los cultivos de vegetales y nos enseñó sobre el uso de varias plantas en su comunidad. Hablaba español, un tanto cortado, pues su idioma natal es el Quichua. Tenía una hermosa sonrisa y se reía mientras nos contaba que a su esposo lo le gustaba que ella se involucre en los proyectos de turismo de la comunidad, pero que uno de sus hijos le dijo que no le haga caso. Parecía contenta con su decisión, y yo también.
Arte y Atenas:
Cuenca, llamada la Atenas de los Andes, es la tercera ciudad del Ecuador, y de largo, la más encantadora. Hoy caminamos por sus calles y me sentí sobrecogido por sus encantos. Los ríos cruzan por su corazón urbano y la rodean tres verdes montañas. Visitamos museos de arte moderno, centros culturales, conventos, mercados de flores, iglesias, calles empedradas, tiendas de antigüedades, miradores, talleres de sombreros Panamá y las orillas del Río Tomebamba. De mi experiencia, hay pocas ciudades tan agradables para explorar a pie que Cuenca; he quedado con ganas de regresar a explorar más.
Una Aceleración de los Sentidos:
Así es como se siente el espíritu de los Andes. Desde Quito a Cuenca es un largo camino, por sinuosas rutas a lo largo de la cadena montañosa más larga del mundo. Los días son largos, no hay duda. Pero se han agudizado mis sentidos luego de cuatro días de viaje -el tedio de la rutina se ha desvanecido (aunque sea momentáneamente) de mis ojos, de mi cabeza y de mi corazón, para revelar un yo más sensible, el hombre que conocía hace no tanto tiempo, que ha regresado a sorprenderme con el regalo de la vida.
Mire el itinerario del Espíritu de los Andes aquí:
http://www.metropolitantouring.com/content.asp?id_page=198
Mire las fotos del Espíritu de los Andes aquí:
http://www.flickr.com/photos/metropolitantouring/sets/72157624148332714/show/