Tuve la suerte de embarcarme en una expedición de 5 días / 4 noches a bordo del crucero Delfín II, y quiero compartir esta experiencia con ustedes. Partí de Lima en un vuelo hacia Iquitos, donde nos recibieron - a mí y a 22 viajeros más - con toallas heladitas con aroma a canela y clavo, una bebida de bienvenida de fruta de la zona en el embarcadero en Nauta; el recibimiento fue impactante...
Una vez a bordo del Delfín II, hubo una charla introductoria, la cena y caí rendida en la cómoda cama de mi cabina. El Delfín II cuenta con 14 amplias cabinas suite, que incluyen 4 máster suites en la proa con ventanas panorámicas de 180 grados y 10 suites de las cuales 4 son comunicantes pensando en acomodar familias. Las cabinas cuentan con todas las comodidades, a la altura de cualquier habitación suite a nivel mundial, sin perder su espíritu casual; la zona de cabinas en cada nivel cuenta con aire acondicionado así como también los pasillos que están separados del resto de áreas públicas por una puerta de vidrio. En el segundo nivel se encuentra el comedor y en el tercer nivel o cubierta de observación está el bar y un comodísimo salón para disfrutar de alguna bebida exótica o una amena lectura al aire libre.
Llego la mañana y abrir las cortinas fue todo un espectáculo...solo ríos y naturaleza. Era el Rio Yarapa, tributario del Rio Amazonas, donde se podía ver la unión de ambos ríos, uno beige, el otro marrón y alrededor los buscados delfines rosados. Una vista digna de admirar!
Después de un nutrido, variado, y muy temprano desayuno, salimos en la primera excursión a la zona de Yanallpa y después de un sabroso almuerzo salimos a explorar el Rio Dorado, uno de los lugares preferidos de alimentación del tímido delfín rosado. Exploramos la zona y sus lagunas en búsqueda de todo tipo de vida salvaje, y nos topamos con algunos monos frailes, algunas "mama viejas" y varios Martin Pescador. De vuelta al Delfín II nos refrescamos antes de la cena, que llegó con una pequeña velada musical en vivo por parte de miembros del staff. La presentación de las mesas para la cena era todo un espectáculo, ya que la decoración no se repite ni una sola vez.
Lo más divertido y emocionante para mí llego el cuarto día con la excursión para pescar pirañas y por la tarde nadar con los delfines rosados y grises en la Laguna de Atún Poza, un lugar paradisíaco! Al regreso por la tarde la infaltable búsqueda de caimanes. La tripulación y todos los miembros del staff estaban siempre impecables en cualquier momento del día, siempre sonrientes, dispuestos a absolver cualquier inquietud o ayudar en lo que se necesitara y sobretodo velando por nuestra seguridad. En definitiva, una experiencia memorable, llena de emoción, exquisitos manjares y confort en la Selva Peruana! Para recomendar a ojos cerrados a cualquier viajero.