Todo comenzó hacer un año, cuando fui con mi padre, un reconocido montañista en su juventud, a subir el Ruco Pichincha (4600m), una montaña junto a Quito. Ese día sentí la misma pasión, inspiración y amor que él siente por la montaña. Allí mismo decidí que mis metas tenían que ser más altas: escalar el volcán activo más bello del Ecuador: el Cotopaxi con 5789m. Mi primer intento fue exitoso, pero el clima no permitió ver el cráter ni la impresionante vista desde la cima -así que continué entrenando, combinando el acondicionamiento físico con salidas de aclimatización en maravillosas montañas rocosas como el Corazón, el Illiniza Norte y el Sincholagua.
En Noviembre pasado, el día finalmente llegó, con una mezcla de ansiedad y alegría. Al llegar al refugio de montaña con el guía especializado, encontramos alrededor de 60 montañistas más, de diferentes partes del mundo, algunos descansando y otros preparando su equipo para la aventura de esa noche: conquistar el Cotopaxi.
Luego de una cena temprana, llegó la hora de dormir, mientras el viento resonaba afuera... hasta que sonó la alarma a la medianoche! Y salimos del refugio para comenzar la aventura. Podíamos ver solamente lo que alumbraban nuestras linternas de cabeza y el único sonido era el indómito y helado viento. Ascendíamos en zigzag, puestos los crampones de hielo para caminar sobre el glaciar. Se veía una fascinante línea de luces de linternas que se movía hacia arriba; éramos un grupo grande que ascendía esa noche. A lo lejos, Quito resplandecía con el tinte color naranja de las luces de la ciudad. El cielo estaba claro y se veían las estrellas.
Luego de cinco horas de escalar por un glaciar muy empinado, con nieve suave en algunas áreas, la recompensa por el esfuerzo fue fascinante... Llegamos a la cumbre al amanecer, se retiraron las nubes y el sol iluminó el paisaje más impresionante y bello que jamás había visto: el cráter... No hay palabras que describan la sensación de estar otra vez en la cima, sobre el volcán más hermoso del Ecuador y mirar su portentoso cráter, admirar el impresionante paisaje de los valles circundantes y las otras montañas a lo lejos (se pudo ver hasta el Chimborazo, la montaña más alta del Ecuador). Pero sobre todo, la increíble sensación de estar en la cima del mundo, de tocar el cielo, y conquistar una meta personal. Esa no será la última vez que me pararé en esa cima... Regresaré!